Amal Sajim

Amal Sajim

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Por Mario Javier Pacheco

Amal está de cumpleaños. No sé cuántos cumple, pero los que tenga le lucen y la convierten en la mejor representante de la mujer colombiana, porque sin renunciar a su Líbano natal, porta con más orgullo que muchos de nosotros, su cédula de ciudadanía y ejerce una colombianidad tan combativa e inteligente, que nos aflora el orgullo de ser de este país, de solo escucharla y leerla.

Si algo me trajo la campaña presidencial de Iván Duque fueron amigos, leales, fraternos, especialmente los del inicio, cuando la candidatura de Iván Duque era un sueño latente en el cerebro de Iván y de Luigi Echeverri; en aquellos días cuando vendíamos el más hermoso edificio, aún sin construir, en un lote enmalezado, que no era todavía nuestro. Creímos, con la fe del carbonero, que el mejor senador de Colombia por dos años consecutivos era el estadista que necesitábamos para salvar la república de la locura derrochadora y traicionera de Santos y de las garras de las FARC.

Nunca tuvimos más interés que llevarlo a la presidencia y no tenemos otro. Ni el económico que nos endilgó un día por las redes sociales un periodista lleno de odio hacia Iván Duque, y seguimos, inclusive pagando de nuestro peculio, a las personas que nos ayudan en la campaña, porque esto, para los amantes de la democracia es una obligación y es una fiesta de compromisos de patria.

Encoge el corazón ver a los taxistas ofreciendo transporte gratis a los duquistas; madres de familia mandando a hacer camisetas naranja de su cuenta; empresarios montando sedes para Iván Duque, con el único propósito de recuperar el país. Es un fenómeno electoral; es un fervor nacional que surge de la figura de Iván Duque y se contagia entre los colombianos de todas las edades, de todos los estratos, de todas las religiones, de todas las razas.

Entre esas personas que se unieron a la candidatura de Iván Duque en semilla, estaba Amal Sajín con los enormes y hermosos ojos de su raza, vaticinando en su  manejo del lenguaje, la más rica fantasía y un arcón de imágenes que solo pueden emerger de una mentalidad poética y brillante, que es capaz de unir tan solo dos palabras para fabricar toda una historia, para encender una chispa, para lanzar una consigna, para enarbolar una bandera.

En estos dos últimos años ha sido mi compañera cercana y cotidiana. Cumpliendo el deber que nadie nos impuso, de trabajar día tras día, sin descanso y a través de la literatura y las redes sociales, por Iván Duque, bajo el estímulo de la amistad franca e igualmente diaria, de quien se yergue como líder entre nosotros, Luigi Echeverri.

Amal Sajim está de cumpleaños. Que Dios, tu Dios que siempre está en alianza con el mío, te llene de bendiciones y que esa pluma tuya, que te convirtió en la emperatriz de los post y la más leída en las redes sociales, siga siendo el referente político y poético de quienes aman a Colombia y que siga irradiando inspiración.

Cien años más Amal Sajim, es una bendición conocerte.

 

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