Ocañero rompió la velocidad del sonido

Ocañero rompió la velocidad del sonido

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Por Mario Javier Pacheco

Ocaña es tierra fértil para la historia que se imprimió con sangre independentista desde que Bolívar la escogió para iniciar su carrera militar. Aquí llegó como desertor y salió como Libertador en 1813, por eso la amó y la llamó “Ocaña la independiente”  y por eso mismo, cuando expresó que “A Caracas le debo la vida y a Mompox la gloria”, se refería a Ocaña, Cuarto Cantón de la Provincia de Mompox, donde organizó su primer cuerpo de guerra, la Compañía libres de Ocaña y recibió los recursos que necesitaba para iniciar la Campaña Admirable. En aquel entonces éramos momposinos.

Somos la raza híbrida del valle y la montaña que amancebó Sanín Villa; orgullosos por naturaleza y emprendedores por vocación. Alguna vez escribí en el directorio telefónico de 1975 que el ocañero tiene sangre de líder, en todos los lugares se destaca y si se engancha en una empresa, es posible que llegue a ser su gerente y si se enlista en la milicia, llegará a ser general.

Muchos años más tarde, el general de la FAC Jesús Álvarez me confesó que aquel escrito se mantuvo en su memoria como una inspiración, hasta que alcanzó el generalato.

En esta semana, un joven en víspera de ascenso a capitán de la Fuerza Aérea, con el callsign RINGO, hizo historia al romper la barrera del sonido, piloteando un K-fir monoplaza a 50.000 pies de altura que pudo acelerar a 1.33 Mach de la velocidad del sonido, convirtiéndose en el “Cachorro de León número 66 en alcanzarla.

Se llama Raúl Felipe Torrado Claro, teniente de la FAC e hijo del general del aire Raúl Torrado Álvarez y Astrid Claro, una pareja querida y admirada en la región.

Raúl Felipe nació en 1988 y desde muy temprano mostró el amor por los aviones y su querer de servicio a la patria, por lo que se presentó a la Fuerza Aérea Colombiana, cuando culminó su bachillerato, siguiendo los pasos de su padre.

Cuatro años más tarde se graduó con los honores que solo le rinden a los mejores, pues fue el primer puesto de su promoción y mereció ser condecorado por el Presidente de la República, además de recibir medallas y presentes de los países acreditados en Colombia.

Su carrera se encaminó al éxito, gracias a su buena actitud para el vuelo y muy pronto se convirtió en piloto de combate, a bordo de un Súper Tucano, para comenzar a cumplir complejas misiones y sustentar su compromiso con la Nación.

Participó exitosamente en el ejercicio Green Flag llevado a cabo en los Estados Unidos y gracias a sus logros, su profesionalismo y su capacidad operativa, fue escogido por sus superiores para integrar el selecto grupo de Guerreros Valientes, que conforman el Escuadrón 111, quienes tienen la responsabilidad Institucional de defender a Colombia ante cualquier agresión extranjera, a bordo de la flotilla de aviones K-fir, la aeronave estratégica de superioridad aérea.

El teniente Torrado Claro debió sortear cabalmente las exigencias intelectuales, físicas y de destreza Aeronáutica para cumplir con su sueño de volar más rápido que el sonido y el pasado 22 de septiembre lo logró. Pudo tocar con sus alas el techo de nuestra atmósfera, una experiencia que su padre, nuestro general y héroe ocañero no alcanzó a cumplir en sus 36 años de servicio a la FAC, y que lo llenan de satisfacción, pues vive en la piel de su hijo su propia continuidad.

En los anales de la Fuerza Aérea Colombiana quedó el registro del teniente Raúl Felipe Torrado superando la velocidad del sonido. La vida lo conducirá al generalato, como a su padre.

En nombre de Ocaña, de la bella Playa de Belén, de donde es oriunda Astrid, y en nombre de toda la región, muchas gracias por darnos este motivo de orgullo. Nos hacía falta.

 

Mario Javier Pacheco

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