Jorge Humberto Serna Páez, hasta siempre

Jorge Humberto Serna Páez, hasta siempre

- in Azagaya Paz y Conflicto, Ocaña
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Asociación de Escritores de la Provincia de Ocaña y el Sur del Cesar, presidida por el poeta Jorge Serna Páez

El 10 de mayo de 2013 el destino me mantuvo a kilómetros del lanzamiento del libro “Mordiéndome los labios caminando ando”, del Presidente de la Asociación de Escritores de la Provincia de Ocaña y el sur del Cesar, Jorge Humberto Serna Páez, con quien me unieron afectos cimentados por más de sesenta años y por el bisabuelo común, cuyas nietas, dos primas hermanas, fueron nuestras madres: Ana Páez de Serna y Oliva García Páez de Pacheco.

Hoy es la muerte la que nos separa con distancia inconmensurable, que solo ha de ser vadeada cuando me corresponda ingresar al Estigia bajo el impulso del remo de Caronte.

En la niñez de mis recuerdos pervive Ana. Aún la vislumbro entre nuestra casa y su casa de Villanueva, donde llovían arrancamuelas y donde con mis primos Huberty y Jorge cabalgamos sueños de palo hasta que mis padres se trasladaron a Bucaramanga. El reencuentro fue a inicios de los 70, cuando ellos eran leyendas contestatarias contra los abusos al pueblo y los gobiernos corruptos.

Siempre nos unió el afán de levantar la voz ante la injusticia social y aunque escogimos caminos distintos, que parecían antagónicos a los ojos de los legos, un día comprendimos que eran paralelos en su dirección y que convergían al mismo sitio. Desde entonces la amistad se hizo tanto o más sólida que la consanguinidad y volvimos a montar los caballitos de palo.

Huberty y Jorge con sus grupos de teatro Trashumantes y El Paredón, me acompañaron en el movimiento de vanguardia de jóvenes intelectuales y artistas que a inicios de los 70 todavía respiraban la Revolución del 68 y con la intención de remover arcaísmos culturales, nos  tomamos las calles, el atrio, los parques y la Escuela de Bellas Artes con el Grupo Escénico de Ocaña GEO, conformado entre muchos otros por Luis Eduardo Páez García, Elio Mendoza Lemus, Miguel Hernando Pacheco, Fernando Torrado de la Rosa, Hubert Borja, Nancy Quintero, Esther Naranjo, Ligia Rojas, Magaly y Fariel Sanjuán, Abraham Numa, Sonia Picón, Fito Gómez, Niumer Pérez, Nhora Páez, Miuriel Amores, Jimmy Numa, Eduardo Chalela, Carlos Ramírez, Hildebrando Vélez, Oswaldo Carvajalino, Álvaro Omeara, Miguel Augusto Omeara, Martha Pacheco, Rafael Portillo de la Rosa, Uriel, Norma Pacheco y otros personajes a quienes la cultura ocañera debe el salto del arcaísmo a la modernidad.

Años después, la intolerancia de fuerzas oscuras nos arrebató a Huberty de la vida y de los sueños.

Jorge Serna Páez será una figura imprescindible del paisaje urbano cultural de Ocaña, no solo porque la poesía lo tomó de la mano desde muy temprano, sino por su compromiso con las gentes vulnerables, con los desposeídos y especialmente por su voz, que jamás callaba, siempre liderando, siempre proponiendo y siempre abonando amistades y admiraciones, como salvaguarda de los derechos de los trabajadores.

Parecía un dios vikingo, Thor, péro en sus épocas de prefecto de disciplina y de rectoría del Colegio Caro y del Carlos Hernández Yaruro, sus estudiantes, en quienes despertó respeto y admiración, lo apodaron Patton, por el general Súper Duck, George Smith Patton, porque a quien no quiere caldo se le dan dos tasas, nos decía y celebraba jocosamente la paradoja.

Jorge fue un ser excepcional, un profesional del magisterio de los pies a la cabeza, cuya preocupación era formar, transformar, convertir, moldear y preparar a nuestra juventud para el futuro, y fue especialmente sensible con la vida, con la Ocaña que amaba, con sus planes y con su mejor tesoro, su esposa, sus hijos, sus nietos y sus amigos.

Se conmovía con una metáfora acertada, con una sinécdoque, con un verso y por eso nuestro último trabajo en común, fue su aporte como jurado del Primer Premio Internacional de Poesía de la biblioteca que lleva mi nombre, calificando 220 libros de poetas de 22 países.

Nunca se había combinado el recuerdo del alfondoque y de las cuitas de Ana y Oliva en la magia de aquella casa de Villanueva con la tristeza que hoy me embarga.

Dios te guarde primo. Tu historia hasta ahora comienza. Tu figura ya está moldeada entre las buenas leyendas en Ocaña.

Hasta siempre

Mario Javier Pacheco García

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