Carrasquilla contra la ética vis-conversa. Por Luis Guillermo Echeverri Vélez

Carrasquilla contra la ética vis-conversa. Por Luis Guillermo Echeverri Vélez

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Por Luigi Echeverri

La ética a la vis-conversa, convertida en dialéctica populista en su máxima expresión televisiva, dio anoche el grotesco espectáculo de los cuervos tratando de medrar a picotazos de su propia carroña.

Conozco bien, soy amigo; admirador y alumno del doctor Alberto Carrasquilla.

Mientras otros patrocinadores del narco terrorismo del crimen organizado, disfrazados de movimientos ideológicos, tienen, con el desorden anárquico como forma de vida, doctorado en engaño social, corrupción y dialéctica mamerta, el Dr. Carrasquilla tiene PHD en economía teórica y práctica, ampliamente aplicada y reconocida internacionalmente por los eficientes resultados de sus fórmulas de generación de confianza económica, a golpe de disciplina fiscal; consistencia y ortodoxia en el manejo con realismo práctico, que no mágico, y recto de las finanzas públicas colombianas.

La diferencia entre “Alí Babá y sus secuaces de los últimos 8 años” inventores y repartidores de la mermelada o “capitis deminutio” con la cual lisonjeramente disfrazaron los delitos de corrupción; robo y prevaricato, y Alberto Carrasquilla al comando de la economía colombiana, es como la distancia que existe entre un bufón mameluco disfrazado de enfermero y un cirujano, a cargo de una operación de corazón abierto.

Bien sabe el sagrado corazón de Jesús, que así permita de todo en su país, que cuenta en el Ministro Carrasquilla, con un galeno económico, que por dolorosos que sean sus tratamientos, es acertado en el diagnóstico, en los procedimientos y en la forma de defender la hacienda y el erario público.

El problema no es la moralidad ni la ética de carrasquilla. Mucho menos que Carrasquilla se hubiese enriquecido, que no lo hizo, porque Carrasquilla de todo tiene menos de magnate o de politiquero popocho con más contratos que tetas en una guanábana, como ocurre a menudo entre periodistas famosos y actores “clásicos” de la política colombiana.

El problema no es si Carrasquilla se enriqueció, que no es millonario, como los socios y familiares políticos de Petro o los amigotes de Robledo.

El problema es otro, señores y señoras:

Ellos saben que Carrasquilla sabe decir que no, cuando hay que decir que no. Saben que “no come de nada”; saben que a diferencia de los lacayos vende patrias y abusadores finos que lo antecedieron, este ministro tiene, al igual que el presidente, dos condiciones inmensas: Un par de huevos de plomo y una honradez que no tiene raja por ningún lado.

 

Doy fe de sus calidades humanas; de su suficiencia profesional; de su gran capacidad como analista y ejecutor en materia macroeconómica. He trabajado con él desde hace años y trabajó con mi padre en la campaña del 2002; fue viceministro técnico y luego fue quien se echó al hombro la responsabilidad de sacar el país adelante, como administrador de los recursos durante todo el periodo de labores de siembra de los gobiernos del doctor Álvaro Uribe Vélez, para que Santos pudiera recoger y malgastar la cosecha y armar con los réditos, la bacanal burocrática que hoy estamos tratando de superar.

Carrasquilla, para quienes entienden de economía, no para quienes convierten en dialéctica el deber ser del juicio, tiene el tino y el profesionalismo que se requiere para manejar la hacienda pública con responsabilidad;  transparencia y honestidad. Fue, sin duda, quien ayudó a Álvaro Uribe a sacar a Colombia de la profunda crisis financiera del 2002, cuando los mercados estaban cerrados y los spreads superaban los 1300 puntos básicos. De ser un país financieramente inviable, a ser a los ojos del mundo, según las cifras, una Colombia en crecimiento donde muchas personas salieron de la pobreza y por primera vez vivimos una expansión de la clase media en nuestro país.

Colombia vio anoche que, como decía mi padre “nadie se condena a si mismo con la verdad”; que tenemos la necesidad de bajarnos, todos, del bus varado y empujarlo, para recuperar en 4 años la confianza económica, la dignidad democrática, la ética cívica y el orgullo de ser colombianos de bien, capaces de decir que NO a la más vil representación política del crimen organizado, que hasta el 6 de agosto tenía tomadas, por asalto físico e ideológico las tres ramas del poder público.

Hay liderazgo en la casa de Nariño, en el parlamento y en el Ministerio de Hacienda. Hay tres hombres completos, tres demócratas integrales, tres ciudadanos de bien cuidando la esperanza de la patria, hay tres caballeros del bien, espantando los cuervos para salvar los derechos y los centavos de los ciudadanos corrientes.

Colombia, la nación honesta y trabajadora, está protegida en manos del Presidente Duque y de dos guerreros expertos y sabios de la libertad y orden, Uribe y Carrasquilla.

 

Luis Guillermo Echeverri Vélez

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