Del avión de Tutina a la quiebra de Santos

Del avión de Tutina a la quiebra de Santos

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Por Mario Javier Pacheco

Santos se gastó en cortinas lo de la comida y nos dejó como pinche país socialista, arruinados y rumbo al racionamiento, así que hay que apoyar al 100% las medidas del presidente Duque para rescatar la economía, o nos vamos al fondo.

Nunca hubo un presidente con más ínfulas de emperador que Santos, quien logró su catarsis al viajar en calesa y caminar al lado de la reina, con gesto gatuno y cargado de medallas y collares.

Derroche fue el nombre de su gobierno y opulencia la razón de nuestra quiebra, su desajuste inició no más llegando a la Casa de Nariño, al ordenar cambiar desde muebles y pinturas, hasta la calidosa y colombianísima vajilla presidencial Corona, por una más chic y de marca europea.

De almendras y tapetes sabemos mucho, pero no que a la mitad de unos tragos, el ex lancero de la familia pudiera llamar para que le encendieran el avión de Tutina y ofrecer a sus amigos el maravilloso espectáculo de ver como se lanzaba en paracaídas en Tolemaida.  Encenderlo equivale a levantar medio centenar de técnicos, pilotos, auxiliares, escoltas, controladores, mecánicos y tirarse un platal en combustible para la exhibición del niño.

Tutina solo lo prendía cuando se le antojaba tomar el té con sus amigas fuera de Bogotá, y sus caprichos en él se redujeron al cambio de tapizado y a una ducha, cuyo valor anda por el millón de dólares pues requiere controles para los efectos que sobre el agua hacen la gravedad y la descompresión, cuando la nave está en vuelo.

¿Piensan que el Nobel se lo dieron por la “paz”? Primero pagó para que las FARC se dejaran ascender de terroristas a rebeldes y declararse invencibles militarmente;  luego cedió a sus caprichos que comprometieron el presupuesto con tribunal propio; magistrados de más de 30 millones; curules también de 30 y emisoras e impunidades que producen vergüenza.

Lo otro fue comprar a Noruega, elegido por Santos como país testigo de sus “ingentes” esfuerzos por la paz y le entregó a su petrolera Statoil la llave para ganar euros  en yacimientos petrolíferos en Colombia. La presidenta de Statoil era Kaci Kullmann Five, quien por casualidad también presidía el Comité que otorga el Premio Nobel de Paz.

Pero lo anterior son solo anécdotas de familia imperial, lo grave estuvo en los contratos estrambóticos a sus amigos, ministros y parientes; usar el erario como caja menor; aumentar el tamaño burocrático del Estado en ministerios y agencias; incrementar la dosis de mermelada para los congresistas y el Ser pilo paga, que dejó desfinanciado.

Cuando la olla quedó raspada, Santos vendió Isagen y otros bienes del Estado, pero tampoco le alcanzó, así que acudió a los prestamistas y nos duplicó la deuda externa, porque quedarse sin efectivo, jamás, primero muerto que sencillo. Le dejó el motor envenenado a Iván Duque.

Estos dilapidadores eran anteriormente declarados interdictos por el peligro que representaban para la sociedad, pero nadie hizo nada y ahora nos toca pagar. Por fortuna el presidente es un hombre de Estado, fogueado en economía y está anunciando medidas que producen escozor, pero que son indispensables para no terminar en el hueco.

El presidente se deja hablar, así que en lugar de criticar, propongan, o déjelo pilotear tranquilo en la turbulencia, porque él sabe cuál es el rumbo y conoce muy bien el país que recibió.

De esta nos saca.

Mario Javier Pacheco

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