La coalición del triunfo

La coalición del triunfo

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Por Mario Javier Pacheco

Pastrana y Marta Lucía finalmente depusieron su inquina contra Ordóñez y aceptaron las condiciones de Iván Duque y de Uribe para formar la coalición del No – ganadora de la última elección nacional, en el plebiscito – y elegir por consulta al candidato que enfrentará a la poderosa maquinaria de las FARC y de Santos en el cuerpo ajeno de Fajardo, Petro, Clara, Piedad y Timochenko, quienes intentan convertir a Colombia en la otra Cubazuela del continente.

La exigencia incluyente surgió de la sabiduría de Duque y de la experiencia de Uribe y fue motivada además por la necesidad de garantizar el triunfo, constituyendo un bloque poderoso en el que converjan todos los ciudadanos empoderados del país, para detener a quienes quieren imponernos una forma de gobierno que enriquece a los tiranos, conculcando el derecho de los pueblos y cuya realidad histórica es la contundencia de su fracaso.

Iván Duque nos sorprende, porque siendo ya el candidato oficial del mayor elector de Colombia y con las credenciales suficientes para inscribir su nombre en el tarjetón de la presidencia, prefirió sacrificar ese privilegio en aras de consolidar la unidad general, sacrificando también el resultado de sus dos años de precampaña en la que se irguió como ganador sobre sus 5 contendores del CD.

Y nos admira, porque siendo Duque el más joven de los tres, es el que menos exposición mediática ha tenido y se expone, porque el país lo conoce menos que a Marta Lucía y Ordóñez, quienes como ministra y procurador mojaron toda la prensa que necesitaron, pero Duque no  teme, su carisma es tal, que arrasa en cualquier plaza que se presente y solo basta con conocerlo para entender que es él, quien puede enfrentar y enterrar las maquinarias de Santos y de las FARC.

Es un hombre de rígidos principios cristianos, de ciudadanía y de familia. Su pasión por la lectura y su prodigiosa memoria lo hacen imbatible en el debate y llenan de confianza a sus seguidores.

Con el respeto debido, advertimos de la imperiosa necesidad de ganar, porque esta vez no es el tradicional pugilato entre partidos, sino el de la democracia contra el totalitarismo, que puede presentársenos en forma de un hombre cuidadosamente despeinado como el que hundió en el déficit a Medellín y Antioquia, pero que fue bendecido por Santos y las FARC durante un almuerzo privado con el cerebro gris, más bien negro, de este gobierno; Enrique Santos.

Si enfrentamos esa artificial frescura contra la religiosidad y los bien intencionados anacronismos de Ordóñez, Fajardo lo barre, como barre las ambigüedades de Marta Lucía. No nos digamos mentiras. Si queremos ganarle al terrorismo y a la Cubazuela que nos ronda, el hombre se llama Iván Duque.

Póngale la firma.

 

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