La delgada línea entre conflicto armado y bandidaje

La delgada línea entre conflicto armado y bandidaje

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Por Mario Javier Pacheco

La memoria colectiva

Está de moda la “memoria”; su recuperación; la memoria histórica, la memoria individual y la memoria colectiva, desde que se creó el Centro Nacional de Memoria Histórica, para recoger la memoria del conflicto armado en Colombia.

Millones de pesos invierte el Estado en investigaciones y publicaciones para recopilar la memoria colectiva, pero esta se revierte contra sí mismo, por exigencia del grupo delincuencial que sin saber cómo ni cuándo, nos ganó la guerra y con la excusa del no olvido, se está haciendo una perversa manipulación de la violencia, que muestra a los malos como buenos y a los buenos como malos.

La memoria histórica

La memoria histórica incluye, más que el saber histórico, el relato; la razón de los hechos y sus causas. Quiénes y por qué infligieron y quienes y por qué sufrieron, con un significado reivindicativo, que acá volvieron vindicativo, porque “la reconstruyen los actores, que lograron, -contra las ideas dominantes- imponer sus propios marcos interpretativos” (Antequera, 2011, p. 45).

Es decir; si la memoria histórica, más que establecer los hechos, pretende esclarecerlos a través de versiones de víctimas y victimarios, esa memoria queda condicionada a la óptica de quien la recupere, o de quien paga la recuperación, y si éste cree que Colombia es un Estado fallido y que sus soldados son más victimarios que las FARC y otros criminales, el resultado será la memoria histórica de un Estado fallido, culpable del Conflicto Armado en Colombia.

La delgada línea entre conflicto armado y bandidaje

Según Antequera, “la Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe, impulsó una estrategia de visibilidad y re-interpretación de los crímenes de las guerrillas, y los equiparó con el prototipo criminal del paramilitarismo, consolidando la figura de “Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley”, y meros vulneradores del derecho, como “grupos violentos”; deslegitimando las propuestas de solución política y negociada, y la existencia de un conflicto armado en Colombia, Su versión es la de una amenaza terrorista” que puede derrotarse (Antequera, 2011, p. 24)

Juan Manuel Santos, al contrario, reconoció la existencia del conflicto armado y el estado de guerra con las FARC, “invencibles militarmente“, a las cuales confirió estatus de beligerancia y las sentó a la mesa, en calidad de pares, a negociar la paz.

La línea que separa los criterios de Santos y Uribe es la que legitima o no, la metodología y resultados de los acuerdos. Sin el reconocimiento  del Conflicto armado interno, no sería viable abordar una Memoria histórica como la que se construye al tenor de la ley 1448 de 2011, para establecer responsabilidades, que incluyan las del Estado como un agresor más, y no como el defensor constitucional del pueblo.

Cabe aquí aquello de que La historia la escriben los vencedores. En este caso la memoria la escriben los que no han vencido aún, pero están en trance de hacerlo, porque la memoria que se está escribiendo es un instrumento demoledor contra el Estado, y una estrategia más en la guerra por el poder.

El Conflicto armado

Martha Nubia Bello afirma que “Nos preciamos de ser  la democracia más vieja del continente, la de mayor estabilidad, pero resulta que tenemos un  conflicto armado; es una antítesis. La democracia se trata de reconocer las diferencias y la guerra es la negación de las mismas”  (CNMH, 2013)

Nicolás Montero dice que vivimos la “guerra más atroz de todo el planeta” y lo ratifica León Valencia: “Esta es la mayor catástrofe humanitaria del hemisferio occidental  en 100 años. El país debe asumir esta guerra que es una carnicería contra la población civil.

El reconocimiento del conflicto

La violencia en Colombia ha destilado millones de páginas y víctimas, y no ha cesado desde cuando la violencia prehispánica se mezcló con la violencia escrita que trajo Colón.

La violencia se clasificó en violencias y una de ellas, la Violencia con mayúscula, fue objeto del acuerdo de paz entre el gobierno del presidente Santos y las FARC, suscrito en la Habana el 16 de septiembre de 2016; rechazado en el plebiscito del 2 de octubre; firmado con ajustes en Bogotá, el 24 de noviembre y ratificado por el Congreso el 29 y 30 de noviembre del mismo año.

Para firmar dicho acuerdo, en las condiciones que se hizo, el presidente Santos debió reconocer la existencia del “Conflicto Armado Interno” con un “mico” dentro del articulado de la ley 1448 de 2011, o Ley de víctimas. Sin debate público, dejando implícito que Colombia es un Estado fallido, incapaz de reducir a sus atacantes, y abrió camino al Nobel de Paz y a la elaboración de las memorias de la guerra, con un sesgo que equipara soldado y guerrillero y por lo tanto acepta el déficit de democracia.

Un Estado de derecho como Colombia, tiene capacidad para juzgar por homicidio al terrorista que mata a una niña, sin infringir un ápice el Derecho Internacional Humanitario, pero no es igual en un Estado en situación de Conflicto Armado Interno, porque el Estado reconoce que el terrorista ya no lo es, y que si lo juzga, hay sospecha de sesgo y carece de capacidad para garantizar la no violación de sus derechos humanos. Además, el asesinato de la niña, puede no tipificarse como tal, sino como suceso derivado del conflicto y quedar impune. La diferencia no es semántica. Es abismal.

Reconocido el conflicto, florecieron las versiones de atrocidades cometidas por soldados, paramilitares y guerrilleros, y los colombianos comenzamos a percibir que vivíamos en convivencia y connivencia con una guerra degradada por torturas y asesinatos selectivos, donde el Estado disputaba con los delincuentes, el “honor” del horror, bajo la premisa de, a mayor crueldad, mayor respeto. Muchos sectores se interesan en enfatizar esta percepción.

El Centro Nacional de Memoria Histórica

El CNMH fue creado por la Ley 1448 de 2011, con el objeto de: “reunir y recuperar todo el material documental, testimonios orales y por cualquier otro medio relativos a las violaciones de que trata el artículo 147 de la Ley de Víctimas y restitución de Tierras.”

Su Misión es la de “Contribuir a la realización de la reparación integral y el derecho a la verdad del que son titulares las víctimas y la sociedad, así como al deber de memoria del Estado con ocasión de las violaciones ocurridas en el marco del conflicto armado, en un horizonte de construcción de paz, democratización y reconciliación.” (CNMH, 2014)

El papel del CNMH, es fundamental si fuera imparcial,  pero al partir de la presunción de culpa del Estado, ejerce un rol polarizador y de desprestigio de la institucionalidad. Acciona contra el Estado, con recursos del Estado.

Para qué la memoria histórica

Patricia Linares, Presidente de la JEP, dice que es necesaria para dignificar a las víctimas y lograr su reconocimiento por parte de la sociedad y el estado. (CNMH, 2013)

María Ema Wills afirma que la memoria es para que se aprenda de lo ocurrido. se reconozca lo que pasó y no vuelva a pasar. (CNMH, 2013)

León Valencia dice que es necesario que la gente se dé cuenta del monstruo que construimos, para que se asuste y se mire en el espejo de estas desgracias. (CNMH, 2013)

Gonzalo Sánchez considera que si se sanciona a los responsables esto se transforma. (CNMH, 2013)

Los expertos citados en el presente ensayo, tienen alguna vinculación con el CNMH, cuya creación surge del Conflicto armado, o guerra civil, que es el término equivalente y que el CICR evita. Es obvio que mientras más cruda muestre la guerra, más justifica su existencia y sostenimiento.

El nuevo lenguaje

El audiovisual No hubo tiempo para la tristeza producido por el CNMH, trae el lenguaje “vedado” que autorizó el presidente Santos cuando expresó ante las cámaras: “hay que empezar por reconocer que en este país hay una verdad que evitamos decir en su dimensión correcta. La verdad incómoda que la mayoría no conocemos ni entendemos, el dolor sufrido por décadas de violencia”: Gonzalo Sánchez, Director CNMH, le copió, afirmando que” Había un marco normativo que casi impedía nombrar las cosas por su nombre. Hoy que terminamos el informe, estamos en un contexto, donde ya podemos decir las cosas por su nombre, el que le corresponde. Que estamos en un conflicto armado interno” (CNMH, 2013)

La responsabilidad del Estado.

El CNMH presenta cifras para demostrar la vinculación del Estado, en masacres, violaciones, desapariciones, etc., (CNMH 2013), Es acá donde la perversidad de la semántica horada con más fuerza. Un soldado que delinque, no hace al Estado delincuente sino al soldado. La intención de calificar delitos como crímenes de Estado es una estrategia política, en la que avanza la izquierda con apoyo del Estado, que paga para que se le inculpe.

Paramilitares, bacrim y guerrillas, delinquieron y por lo tanto merecen castigo, so pena de exponernos a que en cualquier esquina, cualquiera nos coja a tiros porque llovió o hizo sol y nos exija paraguas. Las FARC se erigieron como un Estado dentro del nuestro. Reconocer el conflicto, validó su tesis.

El cese de la situación de Conflicto Armado.

Si “la firma de los acuerdos trajo la paz” como aseguran Santos, Timochenko, Petro etc., entonces la causa del conflicto se extinguió, como afirma Luigi Echeverri. El presidente Duque debería declarar el regreso de Colombia a la normalidad constitucional.

El lenguaje de Santos en el  CNMH, deberá redireccionarse, corrigiendo la tendencia de culpar al Estado, y en los cuerpos de memoria de las Fuerzas Armadas, y sus oficinas jurídicas, queda la tarea de estudiar los delitos que se les imputan, para que sean desvirtuados o juzgados por las autoridades competentes.

Sesgos en la investigación del Centro Nacional de Memoria Histórica

El revisionismo cultural e histórico de los criterios tradicionales sobre la paz, propiciada por Santos, llenó al CNMH de investigadores sesgados, como se evidencia en más de una decena de sus publicaciones, donde las versiones de víctimas de los paramilitares y del Estado, son mucho más que las de la guerrilla. La sola Federación Colombiana de Víctimas de las FARC, recoge unas 150 mil, que no fueron tenidas en cuenta por el CNMH. De esta forma también se desinforma.

La discriminación es tanto más grave, si entendemos que sus investigaciones sirven de insumo para la JEP y la Comisión de la Verdad., como afirma su director, Gonzalo Sánchez: Se les entregó “la base de datos más completa sobre el conflicto armado en Colombia, que documenta hechos de 1958 a julio del 2018, con un total de 94.754 muertes atribuidas a los paramilitares, 35.683 a la guerrilla y 9.804 a agentes del Estado.

Se examinaron los siguientes libros,  y en ellos, la cantidad de menciones que se hace a los actores del conflicto, verificando la tendencia de minimizar el impacto de los crímenes de las FARC

“Caquetá. Una autopsia sobre la desaparición forzada” Solo casos de militares y paramilitares

“Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado”  Paramilitares: casos 58; FARC: 27

“Balance desaparición forzada”  Paramilitares y militares: 71;  FARC 10. Guerrilla 25

“Palizua” Ninguna mención a la guerrilla.

“Cirirí”, en  YouTube. Es toda una apología al marxismo leninismo y a la Teología de la Liberación

“Sin mascar palabra” Casos de militares o paramilitares: 15; FARC: 2

“Mujeres  que hacen historia” casos de resistencia a militares y paras: 57; a FARC: 17

“Expropiar el cuerpo”  Militares y paramilitares; 87;  FARC 30

“La guerra inscrita en el cuerpo” Militares y paramilitares: 179; FARC: 79

 

 

 

 

Referencias bibliográficas

Antequera, J. (2011).  Memoria histórica como relato emblemático. [Tesis de maestría]. Bogotá, pp. 31 – 42.  Recuperado de http://repository.javeriana.edu.co/bitstream/10554/1467/1/AntequeraGuzmanJoseDario2011.pdf

Centro Nacional de Memoria Histórica. (Productor). (2013). No hubo tiempo para la tristeza [Documental], Bogotá. https://youtu.be/das2Pipwp2w

CNMH. ¿Qué es el Centro Nacional de Memoria Histórica? Página web del CNMH, publicado el 28 de enero de 2014, disponible en http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/que-es-el-cnmh

Martínez María L. Giordano Bruno y el arte de la memoria, 2007, disponible en http://www.jornada.com.mx/2007/07/15/sem-maria.html

Muñoz Carlos. Giordano Bruno, el arte de la memoria, disponible en http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/artebru.pdf

 

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