La desigualdad vista desde Santa Ana II

La desigualdad vista desde Santa Ana II

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Por: Mario Javier Pacheco

Bajo las pirámides fueron sepultados los faraones con sus esclavos, como postrer testimonio de la desigualdad humana, los primeros atravesaron los siglos, apergaminándose e impugnando el sino inexorable de la putridez y los segundos se hicieron polvo. La ciencia funeraria del orgullo egipcio no fue para los vasallos.

La historia de la civilización es la historia de la desigualdad, la de los vencedores sobre los vencidos, porque a ellos los borraron junto a su historia, de la faz de la tierra. La desigualdad que promete igualdades ha sido el discurso populista y la esencia del poder totalitario y monológico, que se impone para restringir la iniciativa individual, como lo hicieron Stalin, Mao, Castro y Chávez, y quiere hacerlo ahora Petro quien agrede al poder positivo, al que construye, estimulando la iniciativa privada y el emprendimiento en democracia, que representa Duque

El poder vive desde el primer hombre, en el hombre como el hambre y dicen los reyes a quienes quitaron la vida antes de matarlos, que es peor morir de falta de poder que de falta de comida. Para el totalitario, el poder es riqueza, frases célebres, arte y vino que comparte con su camarilla, mientras el rey/pueblo es racionado en su comida, vigilado en sus afectos y debe cuidar puercos en la mugre, sin dignidad, indigente y abusado.

Al hombre sin poder se le arrancaban los ojos, violaban sus hijas y echaban sus hijos a los perros y para endulzarlo, inventaron la ley que le dio nombre de  Justicia a la canallada. En Babilonia, Hammurabi redactó el código madre de todos los códigos: Ley del talión para cobrar ojo por ojo y diente por diente al enemigo, con autorización de la palabra/norma, que es verdad irrefutable. El dueño del poder, dueño es también de la palabra y define lo que es bueno y lo que es malo desde su propio rasero. Usa esa patente para hacer con el otro lo que le venga en gana.

La desigualdad es de la naturaleza humana, y Petro la encarna, aunque la critica calzando zapatos de dos millones y desde su mansión de 2 mil millones en Santa Ana II, a pesar de saber que unos iguales a él, tomaron más que los otros desde las cavernas y lo mantuvieron, hasta que otros se lo arrebataron y a esos otros también se les arrebató, porque el poder no se cede y dura en tanto se tenga la capacidad de defenderlo. Petro defiende lo suyo, hollando barrizales en el Simón Bolívar; luciendo la prepotente incoherencia de sus ferragamo y vociferando diatribas populistas, “porque Colombia es el país más desigual del mundo.”

Vencer para poder es el secreto de la permanencia en la historia de las culturas. Cayó Egipto y surgieron los asirios, los medas y los persas que cayeron ante los fenicios. Crecieron Atenas y Esparta que cayeron ante Roma, que feneció ante los bárbaros, vencidos por los mongoles y por el Azote de Dios, que cayeron ante los ostrogodos y el imperio bizantino que nada pudieron hacer, con todo y Justiniano, para contener a los eslavos y lombardos, que cayeron bajo el califato, que fue abandonado al llegar Carlomagno, cuyo imperio se diseminó en la Edad Media.

Ahora tendrán que caer Santos y las FARC con su poder terrorista de 60 años que abandera Petro. Totalitaristas que solo Duque puede vencer apoyado por los demócratas del continente y claro, del país en las urnas este 27 de mayo.

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