El sermón del padre Alirio

El sermón del padre Alirio

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Por Mario Javier Pacheco

Se hizo viral el sermón de Monseñor Alirio, Párroco de San Ambrosio en Bogotá, del pasado domingo, donde sin tapujos criticó a su propia iglesia, como cómplice cobarde de los criminales de las FARC, en relación con el traslado del cabecilla Santrich, desde La Picota, a una casa pastoral.

 

Los aplausos espontáneos de la feligresía, destaparon el secreto a voces que los católicos nos venimos pasando en voz baja, desde hace rato, para corroborar que estamos en la mitad de un terrible cisma de la iglesia, que Juan Pablo II trató de conjurar, igual que el cardenal Ratzinger antes de ser Benedicto XVI, y que en condiciones extrañas, renunció, para que Bergoglio, seguidor de la Teología de la Liberación, precisamente la del cisma, pudiera asumir el pontificado.

 

¿Desde cuándo los curas son pro guerrilla comunista? ¿No es un contrasentido servirle a Dios y al mismo tiempo a quien lo repudia con las fraudulentas tesis del ateísmo científico de Feuerbach y Marx, y masacra al pueblo cristiano?

 

¿Por qué el Papa Francisco, en contra del ideario de Juan Pablo II, se complace con los terroristas, con los déspotas y con los corruptos de Latinoamérica, volando a reunirse con Castro, Kirchner, Evo y Correa; poniéndose del lado de Maduro, en vez del de los venezolanos y apoyando la “paz” leninista de Santos?

 

¿No es raro que la fuente oficial de datos sobre la violencia en Colombia, sea el CINEP de la Javeriana, presidida por el  jesuita de izquierda Francisco de Roux, cuyas estadísticas muestran a los guerrilleros como mansas palomas ante los soldados y los paramilitares?

 

Y ¿Será coincidencia que a pesar de su apoyo al terrorismo, a De Roux se le haya elegido Presidente de la Comisión de la Verdad, junto a la joya de Alfredo Molano, enemigo de las FFAA? ¿Y que los magistrados JEP sean antiuribistas, que es el nuevo requisito de la justicia fariana de Colombia?

 

Conozco al Cardenal Salazar desde los 90, cuando, como obispo de Cúcuta, imprimía en mis talleres del Diario de la Frontera, su periódico La Verdad, y ya tenía puestas las botas de la guerrilla, confundiendo a muchos sacerdotes con una interpretación torticera del Concilio Vaticano II, que se explayó en la II Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, de 1968, donde los obispos decidieron que la iglesia se equivocó por siglos en aquello de que “Mi reino no es de este mundo”, porque sí lo es. Y depreció su teología hasta una filosofía humanista-social, que pregona la salvación, no como una liberación del pecado, sino de las condiciones sociales y materiales. Y se decidió por una “opción preferencial por los pobres”, porque “la salvación cristiana no se da sin la liberación económica, política, e ideológica” pues la raíz del mal no es el pecado, sino la injusticia social. Con esto quedó abierta la puerta de la acomodación de intereses de poder, a quien se le venga en gana delinquir en nombre de los pobres y para que los guerrilleros, violadores de los derechos del pueblo se disfrazaran de pueblo pobre en las juntas comunales, con la aprobación de la iglesia.

 

Se propuso “un hombre nuevo solidario” y una Teología dialéctica, imbuida del marxismo, con su odio de clases, en boga en aquella época, e idealizada en los recién fundados grupos terroristas FARC y ELN y en la revolución cubana, con el rostro del asesino Che Guevara pintado en las camisetas de los jóvenes. Esa “Opción preferencial por los pobres” se convirtió en patente de corso para el “todo se vale” y para culpar al Estado y a “los oligarcas” de las desgracias del país.

 

Las tesis se contagiaron como virus y muchos sacerdotes, idealistas e ingenuos, vieron la similitud entre el discurso de la guerrilla y el de sus obispos, y Camilo cogió un fusil y se fue al monte a matar soldados y el cura Pérez se hizo comandante del ELN y el Padre Ernesto Cardenal encabezó la revolución en Nicaragua, haciéndose ministro de Ortega, y 70 sacerdotes de la Teología de la Liberación fueron asesinados en el ejercicio de su activismo político.

 

En el Salvador, desde las universidades y  colegios jesuitas, se metió candela a la guerra fratricida para presionar un acuerdo de paz  en 1992, que dio paso a una etapa no menos sanguinaria, con más muertos y miseria que la misma guerra.

 

El padre Gutiérrez había escrito en su libro “Teología de la liberación” que la Liberación de los pobres debe pasar por una revolución violenta para poner fin a la explotación de los mismos.

 

El Santo Padre Juan Pablo II, – inolvidable Papa- alertó en Libertatis nuntius, sobre el riesgo de la Teología de la Liberación por no “compatible con el evangelio” y por ser “la gran herejía de nuestro tiempo” y “un peligro para la fe de la Iglesia” y procedió a conjurarla, removiendo a casi todos los obispos en Brasil, que le eran afectos y en Nicaragua se negó a saludar al sacerdote y ministro Ernesto Cardenal, señalándolo con el dedo, mientras aquel permanecía arrodillado. También lo suspendió del sacerdocio, junto a los curas Fernando Cardenal, Miguel d´Escoto y Edgard Parrales, prosélitos de dicha Teología, pero 30 años después, Francisco derogó las sanciones y recibió de nuevo a los curas, con honores. Es más, los invitó a dar conferencias en el Vaticano.

 

La presunción de Bergoglio, de que los ricos son explotadores, explica el por qué está convirtiendo a la iglesia en idiota útil de terroristas, cómplice de crímenes y que un hombre gris, como Rubén Salazar sea cardenal y se encuentre al frente del CELAM, apoyando a quienes con banderas de paz, socialismo y revolución, llegaron a los gobiernos latinoamericanos para depredarlos y enriquecerse  groseramente. El resto de curas solo sigue el ejemplo de sus superiores. Lo de Santrich es un episodio más.

 

Por todo lo anterior, esta semana se volvió viral el sermón de Monseñor Alirio, en el cual se atrevió a levantar la voz contra los altos jerarcas, incluido el Papa, haciendo un homenaje de valentía al inolvidable Juan Pablo II, en nombre de los fieles católicos.

 

Pero no nos distraigamos. En 7 días hay que salir a votar por Duque, para que ni estos curas sinvergüenzas, ni Santos, ni las FARC se salgan con la suya.

 

En las urnas nos vemos.

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