Marchas descerebradas

Marchas descerebradas

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Foto de Julian Andrés Galán Caicedo, tomada de Semana

Por Mario Javier Pacheco

Los militares se entrenan para la guerra de las armas, pero no para la guerra político-doctrinal, y este nuevo viejo frente de batalla, que intensificó su acción en el período Santos, disparando consignas en vez de balas, los está horadando, nos agrede a todos y con nosotros al Estado.

La táctica es deslegitimar la acción del gobierno y de las FFAA mediante una estrategia de desprestigio basada en la mentira; en la descalificación personal y profesional de los funcionarios y en la infiltración en las instituciones del Estado, para carcomerlas ideológicamente, en especial la educación, el arte y la justicia, con el arma más letal de todas que se engatilla en la semántica; impacta en el cerebro y multiplica enemigos: la palabra.

Desocupa el cerebro de la gente al punto que si los estudiantes piden plata y Duque se las da, siguen protestando; si la asigna a los cafeteros y al campo, los campesinos apoyan la protesta; si concierta políticas salariales y laborales con los trabajadores, estos se aborregan ante sus sindicatos y se unen a la protesta y si destina recursos para mejorar las vías, los camioneros quieren sumarse al paro, porque lo que les interesa es el caos y no la superación personal, ni el desarrollo del país; es propiciar la ingobernabilidad, como dijo el senador Bolívar, para desacreditar a Duque y tener argumentos para un cambio de sistema en 2022 , sin que la gente descerebrada perciba el populismo en el discurso de los desestabilizadores.

Cuando el Presidente Iván Duque llega a un municipio, nombra un funcionario o toma una determinación en favor de las comunidades, se activa el mecanismo de oposición y cuando tropas y policías llegan a los pueblos, no los reciben como protectores, sino como violadores, abusadores y culpables de desapariciones forzadas. Es el efecto de la guerra de distorsión del pensamiento, que convierte lo malo en bueno y lo bueno en malo. Fecode adoctrinó estudiantes para que salgan a babosear consignas y las centrales obreras a los trabajadores, todos pagos por el Estado, picando y queriendo destruir la fuente que les da la vida educativa, laboral y jurídica.

El 28 de octubre el presidente instaló en Ocaña la Fuerza de Despliegue Rápido, FUDRA, indispensable para la seguridad y el progreso del abandonado Catatumbo, y ya el 4 de noviembre circulaba entre petristas y profarianos el libro “Catatumbo, memorias de vida y dignidad”  del Centro Nacional de Memoria Histórica, que hasta la página 280 hace apología a la guerrilla como organizadora social de las comunidades del Catatumbo y muy poco de sus horrores, mientras  resalta desde la página 293 los crímenes y brutalidad del paramilitarismo, que muestran en complicidad con la Fuerza Pública, como agresora y culpable de los males de la región.

Este libro, que se está usando para que los habitantes del Catatumbo reciban con hostilidad al ejército, se presenta hoy con acto ceremonial en Ocaña, para que los “intelectuales” del Catatumbo puedan despotricar argumentalmente contra el presidente y las FFAA, mientras el ELN, hace circular un panfleto en el cual previene que las brigadas odontológicas, médicas, etc., del ejército, son en verdad avanzadas de la nueva violencia de Estado.

Durante 8 años Santos dio vía libre al adoctrinamiento general y dejó al pueblo en disposición de respaldar a Petro, cuya victoria no hubiera significado la simple transición en el gobierno entre un partido democrático y otro, sino la suplantación de la democracia por un Estado totalitario, con experiencias fatales en la Latinoamérica de Castro, Lula, Ortega y otros apologistas de la violencia, que vendieron una fachada socialista, para fungir ellos mismos como Estado y succionar sus recursos hasta arruinarlo.

Era la suerte que esperaba a Colombia y que se frustró con la victoria del presidente Iván Duque.

Ahora que tenemos la posibilidad de un futuro promisorio, con la conducción de un estadista de verdad, no podemos permitir que lo arruinen los partidarios de la polarización, de la rabia y del interés de quienes abanderan ideologías violentas y arcaicas.

Las marchas y las protestas contra un gobierno que inicia y que está dispuesto al diálogo nacional, no tienen otro fundamento que la imbecilidad

 

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